BREVES POEMAS DEL BOSQUE
I “El magisterio de la
Rosa”
Ocaso perfumado en rosas silvestres,
Arrebatado por los recuerdos de maestros de hondas
decepciones
y de intermitentes desilusiones.
Combinación necesaria de agradecimiento
y tristeza,
Pues hoy, ya duelen menos…
Sin embargo, prefiero el magisterio de
la rosa.
Porque no esconde sus espinas, porque
sus pétalos no confabulan
para herir indignamente las
conciencias nobles.
Porque su rocío humedece la piel del
que pena sed de justicia,
porque su rojo se intensifica ante la
prepotencia del que odia.
No vuelvo más a las iras desquiciadas.
No vuelvo más a los odios que hastían
la niebla más densa.
Vuelvo a la rosa y al rocío.
II “El cielo y el pino”
¿Qué busca el pino en las alturas?
Llegar a la noche y atrapar una
estrella.
Probar la solidez de su corteza ante
el sol de enero y la helada del invierno.
Moverse en la sinfonía de los vientos
bravíos y no quebrarse
y bailar la danza del infortunio
sabiéndose incandescente.
De todos modos, parirá piñas, llorará
rocíos y vencerá la oscuridad del suelo.
Y volverá una y mil veces a enlazar
sus ramas en el alba,
porque no hay condena que mate la
libertad del que busca un cielo.
III “El canto del bosque”
En la soledad de un vuelo furtivo
rozando la cima del follaje,
¿a quién le canta el ave en el bosque?
Arando el valle de las almas
adormecidas, te adentras en las hierbas húmedas y espesas.
La mudez habita el suelo y las alturas
libera tu canto.
Canto despiadado de un preludio
rebelde.
Será que tus ojos alcanzan los espíritus
sin rumbo.
Será que tu canto desafía el olvido de
los corazones quebrados.
Sólo te calla el vivo recuerdo de tu
nido en espera y un haz de luz robado del alba.
Y mañana ya no será tu canto,
porque el llanto de las almas
liberarán su melancolía.
Será entonces el tiempo de la voz del
poeta clamando la vida en la noche estrellada del bosque.
