Ser hurtado
Se encontró en su aldea tan solo como perro guardián en una
noche de brujas.
Perdió su identidad al jurar lealtad a tantas banderas. Se
confundió en los slongans de un colectivo que lo fagocitó.
¡Cómo duele el ama perdida en la inconclusión del cosmos!.
Por ello no se atrevió a trascender los caminos bifurcados de su polis.
Absorbido en las leyendas de un mundo prestado perdió su
propia historia.
¡Cómo duele el ser revuelto en la universalidad
prefigurada!. Por ello buscó en su mismidad, se arrancó las religiones y respiró
tan hondo que movió las brumas que cegaban su vista al cielo abierto.
Y se encontró. Vio su rostro en el espejo de la luna y se guardó
para sí el rebote de su imagen más pura.
Desnudo de palabras ajenas, renació su voz y quebró los
muros que atrapaban su libertad y su vuelo indefinido.

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